domingo, 24 de marzo de 2013

POBRE ENTIERRO



POBRE ENTIERRO...

El tañido lento pero acompasado de la campana... Un tañer lastimero, un sonido cascado, un sonido que invita al sobrecogimiento, a la compasión..., y después, el redoble del tambor, un redoble lento, sordo, profundo, que vibra como una caja de resonancia en nuestro pecho. Y a lo lejos, poco a poco, con un ritmo lento, cadencioso, se acerca el Santo Entierro, solemne, en silencio; silencio roto únicamente por el compás del tambor, como un metrónomo, marcando los pasos a los costaleros, y la voz de mando del cabo de varas...

Al verlo, me induce a pensar en cómo sería aquél Santo Entierro. El de verdad. El entierro de un proscrito, de un ajusticiado, al que debieron de esperar en la oscuridad de la noche para descender del madero, al que entre las sombras trasladaron al Sepulcro, sepulcro cedido por su amigo José, y sin embargo... ¡qué gran repercusión tuvo para la Humanidad la muerte del Hijo del Carpintero!

En esos pensamientos andaba, cuando mi imaginación vuela y se desvanece como si de humo se tratara, y a renglón seguido mi mente se sumerge en “otros entierros” que se siguen produciendo en la actualidad, los entierros de los pobres, los de tantos perseguidos por sus ideas, condenados por defender sus derechos y dignidad, desfavorecidos, mujeres, niños, víctimas de guerras y del hambre, y sobretodo del egoísmo e hipocresía del resto de la humanidad. Siguen siendo como Aquél, entierros modestos, que siguen realizándose en la oscuridad, la oscuridad de la verdad...

De nuevo, el sonido del tambor me devuelve a la procesión que desfila ante mí, ha pasado de largo el Santo Sepulcro, y me lamento por aquellos otros entierros que no tienen “un redoble de tambor” para que todos podamos escucharlos y hacerlos visibles...

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